EL EJÉRCITO DE LOS OLVIDADOS

“Érase que se era, un día, en mi ritual y puntual visita al local en el que adquiero mi prensa dominical…”.

Ya seleccionado el periódico y su hebdomedario anexo, lecturas que me acompañarían a lo largo de la jornada, observé en el mostrador, justo en el instante de proceder, como responsable y honrado cliente, “a pasar por caja y acoquinar los dos euros de vellón”, un llamativo dispensador, cuyo contenido no eran sino unos originales bolígrafos, con motivo de la campaña solidaria “Un Juguete, Una Ilusión”.

La verdad que un alo de coherencia, próximo a la inteligencia, hizo presencia en quién escribe, y adopté la decisión de adquirir, he de reconocer que de forma y manera impulsiva, uno de aquellos originales bolígrafos.

Sin embargo, llegado el momento previo a lo que los expertos en “retail” llaman “formalizar el acto de compra”, que no es otra cosa que “yo te entrego la viruta” (“la mortadela”, “el monís” , …)tú me das el “calamarius(“la péndola”, “la péñola”, …), pronuncié una, en forma de pregunta, desafortunada frase dirigida al “sufrido” dependiente -digo sufrido pues no era sino domingo-. La expresión maldita no fue otra que “¿Cuánto cuesta?”.

Nuevamente ese alo de coherencia, próximo a la inteligencia, regresó, a modo de “otroyo”, susurrándome: ¡¡¡Pedazo de …., cómo que cuánto cuesta!!! ¿Acaso te preocupaba tanto lo que costaba aquella casa de turismo rural en la que pasaste un fin de semana; aquella cazadora que te compraste el pasado sábado; aquél Ipad del que te encaprichaste este verano, ….?

La verdad que fue tal la sensación de bochorno y vergüenza recorriendo mi interior, que no tuve por menos que compartir dicho sentimiento con la persona que me acompañaba, cuya mirada, ante tal comentario, denotaba un cierto aire de sospecha acerca de si la vesania y la insania, es decir la locura, habían comenzado a hacer mella en mi cerebro.

Sin embargo, momentos después, superados esos sentimientos negativos, e inmediatamente antes que los dedos de mi acompañante comenzaran a teclear en su “celular” la melodía numérica “llamando al frenopático”, una pequeña dosis de felicidad comenzó a invadirme, ante la sensación de que acababa de hacer algo, aunque baladí, y fruto de un esfuerzo pura y meramente material, que había merecido la pena.

Y continué reflexionado… Si esta insignificante acción había contribuido a provocar en mí un sentimiento, aunque súbito, de felicidad, cuán incontablemente felices serían aquéllos que dedican toda o parte de su vida a “crear un mundo mejor”, ofreciendo desinteresadamente su tiempo, su esfuerzo y su trabajo, a quiénes, por la razón u origen que fuere, más lo necesitan. NO CABE LA MENOR DUDA QUE INMENSAMENTE FELICES, aunque, desgraciada e injustamente, coincidiremos todos, también inmensamente olvidados.

Hombres y Mujeres Extraordinarios. Héroes, en su mayoría anónimos, que obran desde “un olimpo silencioso“, sin reclamar nada, ni a nadie, por su inmensa contribución. ¿Acaso alguien se atreve a poner en duda la deuda, infinita e incuantificable, que el mundo tiene con ellos? Una deuda que, paradojas de la vida, y desafiando las leyes de toda lógica económica, lejos de avocar al planeta a la quiebra, “a sensu contrario”, no hace sino henchirlo de riqueza.

Una riqueza cuya unidad de medida no es “ni la arroba del poder ni la fanega de vil metal”, sino la entrega desinteresada, la humanidad infinita y la grandeza espiritual. ¡¡¡ Ah, y se me olvidaba, “la valentía del guerrero” !!!

Es pues éste, además de un “convite” a la reflexión, un homenaje, emocionado, a ese batallón de valientes adalides de esa entrega desinteresada, de esa humanidad infinita y de esa grandeza espiritual. Sí, digo bien, valientes. Lo cobarde es lo que hacemos la inmensa mayoría; en casa, en el campo, en la playa, disfrutando de “no sé qué”, y ellos, haciendo gala de valor y arrojo, desafiando a esa sociedad dormida, insolidaria, que somos casi todos, dedicando tiempo, trabajo y esfuerzo a construir un mundo mejor, sin esperar nada a cambio; tal vez la mera y simple recompensa de “autosatisfacción” de la inmensidad de su alma.

Son el ejército de los olvidados.